"Las mujeres indígenas somos las que sostenemos la vida en los territorios"
En la COP30, lideresas indígenas hicieron un llamado para que las negociaciones y políticas climáticas incluyan la participación de los pueblos originarios.
La COP30 de cambio climático, celebrada en Belém, Brasil, fue un hito al ser la primera conferencia climática de la ONU en la Amazonía, lo que amplificó las voces indígenas, especialmente de las mujeres amazónicas. Estas lideresas, guardianas tradicionales de la biodiversidad y los territorios, participaron en eventos paralelos y protestas, demandando reconocimiento de su conocimiento ancestral en la mitigación del cambio climático, la protección de la biodiversidad y la defensa territorial.
Dialogaron sobre los efectos nocivos del cambio climático, el financiamiento directo a los pueblos indígenas, el rol de mujeres en soberanía alimentaria y resiliencia climática, la importancia de enfocar las políticas públicas climáticas desde el territorio y la autodeterminación de los pueblos indígenas, entre otros.
En eventos paralelos a las negociaciones climáticas, como la Cumbre Global de Mujeres y Juventudes Indígenas Protectoras del Territorio, evento organizado por el Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI), cientos de lideresas de Asia, África, Pacífico, Ártico y Américas, se plantearon rutas de transformación climática basadas en gobernanza comunitaria, ciencia ancestral y financiamiento climático directo. Incluso, emitieron una declaración política en el que afirmaron que la crisis climática es una crisis de derechos, justicia y vida, y que solo puede enfrentarse reconociendo y respetando sus territorios, formas de organización y conocimientos ancestrales.
La declaración reconoce el papel esencial de las mujeres y juventudes indígenas como guardianas de la biodiversidad, defensoras del territorio y actoras políticas fundamentales. A partir de sus experiencias territoriales, exigen acciones urgentes a los Estados y a la comunidad internacional: protección plena de tierras y aguas, financiamiento directo para iniciativas indígenas, participación efectiva en los procesos climáticos, implementación de estándares internacionales de derechos humanos y mecanismos de protección para defensoras y defensores.
Las lideresas indígenas también enfatizaron que los conocimientos ancestrales son esenciales y deben tener el mismo valor que la ciencia occidental en todas las decisiones climáticas.
“Durante generaciones, las mujeres indígenas hemos sido las principales guardianas de tierras, aguas, semillas y bosques, garantizando soberanía alimentaria, biodiversidad y resiliencia climática. Somos las más afectadas por la crisis climática y, al mismo tiempo, las más activas en enfrentarla”, señalan.
Teresita Antazú López, lideresa del pueblo yanesha y miembro de la directiva de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep), reforzó la importancia de la participación de las mujeres en la defensa del medio ambiente y en la lucha contra el cambio climático. Destacó que las comunidades indígenas, “especialmente las mujeres, son esenciales para proponer soluciones sostenibles, proteger los bosques y los territorios y asegurar que la transición climática sea justa e inclusiva”.
“La COP discute el clima, nosotros lo vivimos”, fue una frase que se repitió una y otra vez en la Zona Verde de la COP, donde se organizaron decenas de diálogos con representantes indígenas. “Nosotros somos testigos, vivimos en las comunidades. El clima ha cambiado muchísimo, hay muchas lluvias, hay crecientes, hay vientos que nunca ha habido”, añadió Antazú.
“Nosotras estamos trabajando muy fuertemente con el tema de territorio, bosques, cambio climático y adaptación. Nosotras nos adaptamos a los efectos de la variación climática, buscamos dónde volver a sembrar la yuca. Somos las que sostenemos la vida en nuestros territorios, trabajamos para asegurar la seguridad alimentaria de nuestra familia porque si nosotras no trabajamos, si no sembramos ¿qué van a comer nuestros hijos?”, resaltó.
Un tema recurrente en la agenda indígena fue el financiamiento climático directo, y las mujeres también lo exigen. Invertir en mujeres no es solo una cuestión de justicia: es una estrategia de resiliencia climática eficaz. Donde ellas gestionan los recursos naturales, los suelos se regeneran más rápido, los cultivos son más sostenibles y las comunidades muestran mayor cohesión social y seguridad alimentaria.
Ketty Marcelo, de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú (Onamiap) reafirmó que la acción climática real nace en los territorios, no en los discursos. En su opinión, es imprescindible reconocer y financiar el liderazgo climático de las mujeres; no basta con visibilizar sus aportes: hay que garantizar su participación plena y vinculante en los mecanismos de gobernanza climática y asegurar que los fondos de adaptación lleguen a los proyectos que ellas lideran.
“Somos los pueblos y las mujeres indígenas quienes cuidamos a nuestra madre naturaleza, sostenemos la vida y enfrentamos día a día los impactos que otros solo mencionan en negociaciones. Por eso estamos en la COP30: para recordar que el mundo no puede seguir hablando de clima sin escuchar ni reconocer a quienes lo defendemos ancestral y colectivamente”, enfatizó.
Señaló que las mujeres indígenas también quieren financiamiento climático porque son las más vulneradas en los territorios: “Las mujeres vienen de diferentes territorios porque somos también quienes enfrentamos esta crisis climática. Somos quienes aportamos a la soberanía alimentaria, el cuidado del agua, el cuidado de las semillas. Pedimos acceso directo a los fondos climáticos porque a pesar de todo nuestro trabajo y esfuerzo, somos invisibilizadas”.
Por su parte, Tabea Casique, lideresa de Aidesep, coincidió en la importancia del enfoque climático desde el territorio: “Nosotras traemos una agenda elaborada desde los territorios para visibilizar el trabajo que venimos realizando: nuestro aporte a la adaptación y a la mitigación del cambio climático”. También se refirió a que las negociaciones de las COP no consideran el trabajo de las mujeres indígenas: “Queremos que las mujeres sean visibles en las negociaciones, sobre todo las actividades que realizan desde sus territorios, cómo gestionan la conservación de las semillas, la transmisión de conocimientos a las nuevas generaciones. También demandamos recursos para ayudar que las mujeres sigan protegiendo y conservando las semillas”.
"Venimos a la COP para decir que no podemos hablar de negociaciones climáticas si no consideran la justicia climática, y esta significa la participación plena de los pueblos indígenas entre mujeres, jóvenes, sabios y sabias", añadió.
Desde sus comunidades, las mujeres indígenas lideran la restauración ambiental, el cuidado colectivo de la salud, la participación política y la autonomía económica.
“Somos las que vivimos directamente con el cambio climático porque somos las que vivimos en las chacras, somos las que damos de comer a nuestros hijos, a nuestras familias. Siempre proponemos soluciones a partir de nuestras culturas, nuestro saber ancestral y nuestra espiritualidad. Las políticas climáticas deberían implementarse de acuerdo con nuestras visiones y realidades”, refirió Antazú.
Si bien es cierto que durante la COP30, las mujeres indígenas denunciaron las amenazas que sufren en sus territorios, también demostraron que son líderes en soluciones. Su llamado a los Estados y a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) es para que se proteja legalmente sus territorios, se garantice el acceso directo de mujeres a todos los fondos climáticos, se asegure participación plena y financiada de mujeres indígenas en todas las instancias de la CMNUCC y delegaciones nacionales, y se creen mecanismos internacionales y nacionales de protección efectiva para defensores y defensoras ambientales indígenas, entre otros temas.
Escrito por
Periodista especializado en cambio climático. Becario de Internews, Earth Journalism Network y LatinClima. Climate Reality Leader.
Publicado en
Un punto de encuentro para contar historias locales conectadas con realidades globales.