Entre los 3,700 y los 4,000 metros de altura sobresale un paisaje con pajonales que ondulan como un mar amarillo y 74 lagunas. Ese territorio, ubicado entre las provincias de Marañón, Huacaybamba y Huamalíes, en Huánuco, se llama Yanajanca. Y puede convertirse en la primera gran reserva de agua reconocida oficialmente en esta parte del país: el Área de Conservación Regional (ACR) Yanajanca.

Yanajanca es una gigantesca esponja natural apoyada sobre la cordillera. Sus páramos húmedos y bofedales absorben la lluvia y la neblina, la retienen durante meses y luego la sueltan poco a poco hacia los ríos que abastecen a las poblaciones de las partes bajas. Sin esa esponja, el agua que hoy llega de manera más o menos constante a los cultivos de café, a las chacras y a los hogares de miles de familias, llegaría en forma de avalanchas repentinas durante la temporada de lluvias y de sequías prolongadas el resto del año. Eso es, en esencia, lo que está en juego con la creación de esta ACR.

Una propuesta que llegó a su última curva

El proceso lleva más de cuatro años en marcha. Todo comenzó en 2020, cuando el Gobierno Regional de Huánuco identificó que varios ecosistemas de la región enfrentaban un deterioro acelerado por la tala, los incendios forestales y el avance de la frontera agrícola, y decidió incluir 18 de ellos en la Lista Sectorial de Ecosistemas Frágiles del Estado. Yanajanca fue uno de los priorizados. Dos años después, en 2022, el Consejo Regional declaró de interés y prioridad regional su conversión en Área de Conservación Regional.

El 15 de junio de 2026, ese trámite dio un salto decisivo. El Ministerio del Ambiente (Minam) publicó la Resolución Ministerial N.° D000194-2026-MINAM, que ordena difundir el proyecto de decreto supremo que crearía formalmente el ACR, junto con su exposición de motivos y su expediente técnico. Esa publicación abrió un plazo de 15 días calendario para que cualquier persona o institución interesada presente observaciones o aportes. Ya se cumplió el plazo, y ahora el expediente pasará al Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp) para su informe final, y de ahí subirá hasta la Presidencia del Consejo de Ministros, que tiene la última palabra.

"Yanajanca ya está en la última fase. Después de más de cuatro años de proceso, se publicó el proyecto de decreto supremo y ahora corre el plazo de para cualquier observación", explica José Luis Rodríguez Infante, gerente regional de Recursos Naturales y Gestión Ambiental del Gobierno Regional de Huánuco, quien ha sido uno de los principales impulsores de la iniciativa. Según Rodríguez, el objetivo del Gobierno Regional es que el Minam, el Sernanp y la PCM prioricen el trámite para que la creación del área sea posible este mismo mes de julio.

Si eso ocurre, Huánuco tendrá en sus manos algo poco común: la creación de la Área de Conservación Regional más extensa de los Andes peruanos, con 209,484.56 hectáreas, una superficie equivalente a cerca del 80% de todo Lima Metropolitana.

Un territorio bisagra entre dos mundos

Lo particular de Yanajanca no es solo su tamaño, sino su ubicación. El área se extiende justo en la frontera ecológica entre los Andes y la Amazonía, en esa franja de transición donde los páramos húmedos –típicos de las alturas– se encuentran con las yungas, los bosques nublados que descienden hacia la selva. Es como si el territorio funcionara de bisagra entre dos grandes ecosistemas del país, permitiendo que la fauna y la flora se muevan entre ambos espacios, se mezclen los genes de las poblaciones silvestres y las especies puedan desplazarse cuando el clima cambia.

Ese carácter de corredor no es un detalle menor. Yanajanca colinda con otra área ya protegida, el ACR San Pedro de Chonta, formando en conjunto un corredor ecológico continuo que conecta ambas ecorregiones a lo largo de varios kilómetros de cordillera. Para las especies que necesitan moverse entre pisos altitudinales –desde el oso andino hasta pequeñas orquídeas que dependen de condiciones muy específicas de humedad– esa conectividad puede ser la diferencia entre sobrevivir al cambio climático o quedar atrapadas en un fragmento de bosque cada vez más caliente y seco.

Yanajanca reviste una enorme oportunidad, puesto que posee ingentes cantidades de riqueza vegetal y animal. El inventario biológico registrado en el expediente técnico impresiona: más de 600 especies de plantas de 76 familias botánicas, 325 especies de aves entre los 1,100 y los 3,900 metros de altura, 20 especies de anfibios y 7 de reptiles. Entre ellas hay verdaderas joyas de la biodiversidad peruana, como la tangara de montaña de dorso dorado, un ave que solo existe en el Perú y que está clasificada en peligro de extinción; el mono choro de cola amarilla, en peligro crítico; el oso andino, vulnerable; y el romerillo, un árbol centenario también en peligro crítico. En total, 13 especies del área están incluidas en el Apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES), la mayoría orquídeas.

El agua que nadie ve hasta que falta

Si hay un hilo que conecta a todos los que impulsan esta iniciativa –funcionarios, técnicos, agricultores, artesanas– es el agua. Las 74 lagunas altoandinas de Yanajanca, entre las que destacan Mamancocha, Huascacocha y Chinchancocha, son las cabeceras de cuenca de ríos que alimentan al Alto Huallaga y al Alto Marañón, dos de los principales afluentes que sostienen la vida en buena parte de Huánuco. Según el expediente técnico, cerca de 120 mil personas dependen directa o indirectamente de esos servicios hídricos.

Además de ambiental, la dependencia del agua es económica y cotidiana. Alcides Rodríguez, productor de café en San Vicente, explica que sin agua, bosque y un clima estable, no existe producción sostenible posible, y que proteger Yanajanca es también proteger el futuro de las familias que viven del campo. "Las áreas de conservación y los bosques y las cabeceras de cuenca nos favorecen en cuidar nuestros recursos, sobre todo el agua. Sin agua prácticamente nuestra producción se perdería", señala. En el ámbito de influencia del ACR se desarrollan actividades de café, ganadería, agricultura de subsistencia y turismo, todas ellas atadas al mismo recurso.

Lo que se pierde cuando no se protege

Huánuco fue, en 2019, la cuarta región del país con mayor pérdida de bosques húmedos amazónicos, según cifras oficiales del portal Geobosques del Ministerio del Ambiente. Solo en la provincia de Marañón, entre 2001 y 2024, se perdieron más de 27,000 hectáreas de bosque amazónico. Las causas se repiten en toda la Amazonía peruana: incendios forestales, sobreexplotación de recursos, ampliación de la frontera agrícola y tala sin manejo técnico.

Ese es, justamente, el problema público que el expediente técnico de Yanajanca busca enfrentar: el riesgo de que la biodiversidad y los servicios ecosistémicos de la zona se degraden antes de que exista un marco legal capaz de ordenarlos y protegerlos. Crear el ACR no significa levantar un cerco alrededor del territorio y prohibir toda actividad humana –de hecho, la ley peruana clasifica a las Áreas de Conservación Regional como "áreas de uso directo", donde se permite el aprovechamiento de recursos por parte de la población local siempre que sea sostenible–. Significa, más bien, ponerle reglas claras a un uso que hasta ahora carecía de ellas.

Rodríguez Infante insiste en este punto porque sabe que es el que más preocupa a las comunidades: "La creación del ACR no implicará el desplazamiento de las poblaciones asentadas en su ámbito. La población debe sentirse orgullosa, porque esta ACR ayudará a garantizar los recursos hídricos para las futuras generaciones. No se trata de desalojar a nadie, sino de trabajar con las personas que viven dentro del área para que usen los recursos de manera sostenible".

El propio diseño técnico del área respalda esa idea. De las más de 209 mil hectáreas, alrededor de 95 mil quedarán bajo zonas de aprovechamiento directo y uso especial, donde se permite la agricultura, la ganadería, el turismo y el uso de recursos forestales no maderables bajo planes de manejo. El resto, cerca de 114 mil hectáreas, se destinará a una zona silvestre de protección más estricta, donde habitan las especies más sensibles y donde nacen la mayoría de las lagunas y quebradas.

Lo que Yanajanca significa para el Perú y el planeta

Si se mira desde Lima o desde cualquier capital del mundo, Yanajanca puede parecer un asunto exclusivamente local. No lo es. En diciembre de 2022, 196 países –entre ellos el Perú– firmaron el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, un acuerdo que fija una meta muy concreta conocida como "30x30": conservar y gestionar eficazmente, para el año 2030, al menos el 30% de las zonas terrestres y de aguas continentales del planeta. Cada hectárea de un área natural protegida creada en cualquier rincón del mundo es, en los hechos, un ladrillo puesto para cumplir ese compromiso global. Con sus más de 209 mil hectáreas, Yanajanca elevaría la representatividad nacional de las ecorregiones que protege en 1.02% para las yungas peruanas y en 6.09% para los páramos. Medido solo a escala regional, dentro de Huánuco, ese aporte es mucho mayor: 10.47% y 43.48%, respectivamente, según el expediente técnico. Dicho de otro modo: sería la primera área protegida de Huánuco en resguardar una porción significativa del ecosistema páramo, uno de los grandes almacenes de agua dulce y de carbono de los Andes tropicales.

Ahí está, precisamente, el segundo hilo que conecta a Yanajanca con el mundo: el clima. Los páramos y bosques nublados no solo regulan el agua, también capturan y almacenan carbono en sus suelos húmedos y en su vegetación, funcionando como un freno de mano frente al calentamiento global. Cada hectárea de bosque que se mantiene en pie en lugar de convertirse en pastizal o chacra es, en términos prácticos, una tonelada menos de dióxido de carbono liberada a la atmósfera. En ese sentido, aunque el decreto que crea el ACR no menciona explícitamente el Acuerdo de París, la lógica es la misma que sostiene ese tratado: los países se comprometieron a reducir sus emisiones y a fortalecer su capacidad de adaptación, y proteger sumideros naturales de carbono como Yanajanca es una de las formas más eficientes y menos costosas de avanzar en ambos frentes al mismo tiempo.

Nicolás Mamani, jefe de proyectos de Naturaleza y Cultura Internacional –una de las organizaciones que ha brindado apoyo técnico al Gobierno Regional junto con Andes Amazon Fund, Rainforest Trust y Re:wild–, conecta ese argumento global con la vida cotidiana de las comunidades que rodean el área. "El ACR Yanajanca tiene una estrecha relación con las comunidades campesinas, sobre todo en los páramos altoandinos. De estas depende no solo la conservación del área, sino que los mismos servicios ecosistémicos que brinda son de vital importancia para la subsistencia de estas comunidades", explica. Para él, Yanajanca "puede convertirse en uno de los grandes legados ambientales de Huánuco", por su tamaño y su biodiversidad, y porque protege agua, ecosistemas y mejores condiciones para las próximas generaciones.

Cuentan también los números

Más allá del valor simbólico y ecológico, el Gobierno Regional de Huánuco encargó un análisis de costo-beneficio proyectado a 10 años para sustentar la creación del área. El resultado arrojó un valor actual neto de más de S/177 millones, de los cuales el 46.43% beneficiaría directamente a las comunidades locales y el 53.57% restante a la población nacional y a la sociedad en general. En otras palabras: los propios cálculos económicos confirman lo que dicen los testimonios de los pobladores en la práctica, que cuidar Yanajanca es una inversión cuyo retorno se reparte entre quienes viven junto a sus lagunas y quienes, sin saberlo, también dependen de sus servicios ambientales desde lejos.

La gestión del área, según el expediente, quedará a cargo del Gobierno Regional de Huánuco, que actualmente administra tres áreas de conservación regional (Bosque Montano de Carpish, Codo del Pozuzo y San Pedro de Chonta) y que ha comprometido S/ 1,200,600.00 –procedente de su presupuesto institucional y de fondos de cooperación externa– para los primeros tres años de funcionamiento, sin necesidad de recursos adicionales del Tesoro Público. El plan contempla, además, la conformación de un comité de gestión donde participarán las comunidades, autoridades locales y organizaciones aliadas, y la elaboración de un Plan Maestro en un plazo máximo de nueve meses tras la aprobación del decreto supremo.

Un espejo que aún puede cuidarse

Quizás la mejor forma de entender lo que está en juego con Yanajanca sea pensar en un seguro. Nadie valora una póliza mientras todo va bien: se paga la prima mes a mes sin ver un beneficio inmediato, casi como un gasto innecesario, hasta el día en que ocurre el siniestro. Eso es, en el fondo, lo que hacen un páramo y un bofedal cada vez que retienen agua de lluvia o guardan carbono en su suelo: pagan por adelantado una cobertura que nadie nota hasta que llega la sequía prolongada o el aluvión repentino, y que entonces marca la diferencia entre una cosecha perdida y una que logra sobrevivir.


Fotos: Naturaleza y Cultura Internacional